LEYENDAS DE SOCONUSCO

Los cuentos de espantos eran muy comunes en la antigüedad. En la noche alrededor de la persona más anciana de la familia se reunián los niños, la tarea de contar las leyendas casi siempre recaía en los abuelos. De esta manera entretenían a los menores y al mismo tiempo les infundían temores para que no se alejaran del seno paterno y no salieran en la noche.

Casi va desapareciendo esta tradición. La civilización nos dotó de energía eléctrica. Ahora podemos escuchar radio, asistir a funciones de cine, la televisión y las videocaseteras en el hogar han sustituido las charlas obligatorias nocturnas de nuestros antepasados. A conti­nuación narraré la leyenda del Charro Nocturno.

EL SOMBRERON

Los viejos vaqueros lo vieron muchas veces, con la aparición de un tenue relámpago que se pierde en corto espacio. En la oscuridad se oía un silbido, hondo y melancólico; seguido por la música de una armónica bocal. Cuyas notas se confundían con los sonidos del campo. Cuando la noche secuestra las figuras tenebro­sas.

Se veía una imagen radiante, un hombre misterioso, brotando del plenilunio, montado en un caballo blanco como la nieve. Iba vestido como elegantisimo Charro. Que encandilaba, con su botonadura de plata, espuelas,estribosy un gran sombreron galoneado. Todo resplandeciente.

Nunca se aproximaba a las personas, parecía no darse cuenta de las miradas. Ni de la presencia de sus miedosos espectadores, que dejaban consumir sus cigarros entre los dedos. Con paso cadencioso desaparecía hasta per­derse de vista, siempre tocando su armónica. No sabían quien era ni a donde iba ni de donde venía, le llamaban El Sombrerón.

Al pasar por un potrero los animales nerviosos lo seguían por veredas que los conducía a sus corrales, entonces se bajaba del caballo y cerraba la tranca, decían que las crines de los caballos amanecían trenzados.

Los vaqueros se admiraban porque a ellos les costaba mucho trabajo buscar animales descarriados y llevarlos al corral, en cambio el sombrerón silenciosamente los llevaba a los corrales. Encontraban restos de una fogata. Pisadas de recios botines, restos de puros hechos de hoja de guarumo. Huellas de herradura y exclamaban "Fue el maldito Sombrerón".

" EL CADEJO "

* En el rancho trapichero de Don Manuel, donde se hacía panela, se destilaba aguardiente de caña clandestina­mente y se bebia chicha de la buena, era un día seco y caluroso a principios de este siglo, los hombres que trabajaban en el rancho daban comienzo a la molienda del primer corte de la temporada de la zafra. La casa principal era de paredes de revocado de barro y techado de tejas rojas. En los corredores bailaban las hamacas de pita. Mas allá estaban los galerones, los grandes peroles de fierro colado para recibir el infierno de la hoguera para el cocimiento.

El agua mil cansado de hervir se convertía en melcocha y cuando estaba en su punto, ha de vaciarse en moldes de madera, serán prensados hasta que se enfrien y se conviertan en sabrosas panelas o piloncillo, depués se empacan en hoja de vijagua, que se desprende de los tallos de los bananos o plátanos.

A las doce de la noche cuando todos dormían en sus hamacas de pita colorada, al ritmo en que los mapaches comen caracoles de tierra y las aves nocturnas palmeaban sus alas en busca de alimentos. Surgió un horroroso animal que tenía los ojos rojos como carbón encendido. Atacando al trabajador que dormía más alejado de sus compañeros.

Tenía la forma y tamaño de un perro de caza o de un lobo salvaje. Su hocico abierto dejaba ver relámpagos de luz y en sus ojos aparecían llamaradas que enrojecían la negra noche.

El trabajador presintió el peligro. Abrió los ojos y el grito de horror se ahogó en su garganta. El feroz animal lo tiró de la hamaca y lo atacó. Lucharon fiera y hombre, al oir ruidos los demás compañeros se levantaron y dijeron:

Es el Cadejo, es el Cadejo. Pongan al revés sus ropas y orinen sus cinchos, pronto que se lo come y lo mata.

Con los cinturones orinados golpearon con furia al ani­mal, este al sentir los golpes, empezó a operar una curiosa metamorfosis en la bestia y soltó a su presa. Asombrados dejaron de golpear al animal y en su lenta transformación fue tomando la figura de un ser humano. Su voz se volvió suplicante.

"Soy Jacinto el del pueblo, no me reconocen?. Por favor ya no me peguen, por favor, perdón, perdón".

Cuando se calmaron los ánimos, lo miraron con repug­nancia más que compasión.

Esto te pasa estúpido, le dijo uno de los mas enojados, por andarte pasando por el Cadejo. Ves lo que trae la magia negro?.

12 comentarios:

  1. PON OTRAS LEYENDAS MAS LARGAS

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  2. que sean mas preves y mas leyendas

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  3. A MI M GUSTAN ESTAS SON LAS K CUENTAN LOS VIEJITOS

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  4. u.u hay mas leyendas ponganlas porfavor.

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  5. que bueno que alguien se preocupe por recopilar leyendas del soconusco

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  6. Queremos escuchar leyendas de tapachula que hay muchas buenas

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  7. Otras leyendas: La Malora, La Cocha Enfrenada, El Zipe. Hay más leyendas del Soconusco

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